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La Coctelera

maal

8 Agosto 2008

TRANSFIGURACIÓN, MÚSICA DEL FUTURO, MÚSICA DE HOY

Para deleitarnos en esta oportunidad, he elegido el poema sinfónico de Strauss, “Muerte y Transfiguración”.

Dirección electrónica donde se puede disfrutar del poema sinfónico Muerte y Transfiguración de Richard Strauss: http://aam.blogcindario.com/2007/12/00883-r-strauss-muerte-y-transfiguracion.html

The Persistence of Memory (on special paper) (Editor

The Disintegration of the Persistence of Memory

Clock Explosion

The Metamorphosis of Narcissus

Sleep


The Last Supper

Search for the Fourth Dimension

Richard Strauss, Compositor y director de orquesta alemán y uno de los orquestadores y polifonistas modernos más excepcionales. Nació el 11 de junio de 1864 en Munich, estudió en la universidad de esta ciudad. Hijo de Franz Strauss, célebre trompa, comenzó el estudio de la música a los 4 años. A los 21 años Richard Strauss debutó como director de orquesta, primero en Meiningen y después en Munich. A lo largo de su vida dirigió las principales orquestas de ópera de Alemania y Austria. Entre 1919 y 1924 trabajó (junto con el director austriaco Franz Schalk) como director artístico de la Ópera de Viena. Durante el régimen nazi en Alemania desempeñó el cargo de director honorario del departamento de música del Tercer Reich (1933-1935). Strauss permaneció en Alemania durante la II Guerra Mundial. Falleció el 8 de septiembre de 1949 en Garmisch-Partenkirchen. La obra de Strauss puede dividirse en tres periodos. Las composiciones del primer periodo (1880-1887), raramente interpretadas actualmente, muestran una gran influencia de los maestros clásicos y románticos y son de una gran perfección. En su segundo periodo (1887-1904), en el que consiguió una gran maestría en el arte de la orquestación, Strauss creó una serie de obras que figuran en el repertorio habitual. Perfeccionó el poema sinfónico y utilizó el sistema del leitmotiv (uso de temas recurrentes con asociaciones extramusicales específicas) que había sido desarrollado principalmente por el compositor alemán Richard Wagner. También introdujo innovaciones de tipo armónico y de instrumentación, ampliando así las posibilidades expresivas de la orquesta sinfónica moderna. Entre las obras de este periodo encontramos la obra que nos ocupa, “Muerte y transfiguración” (1890). Al tercer periodo (1904-1949) pertenecen sus óperas, consideradas entre las más importantes del siglo XX. A raíz del éxito de la primera, Salomé (1905), Strauss se asoció con el poeta y libretista austriaco Hugo von Hofmannsthal, con el que produjo sus mejores óperas como Elektra (1909), El caballero de la rosa (1911), Ariadna de Naxos (1912, revisada en 1916), La mujer sin sombra (1919), Elena egipcia (1928) y Arabella (1933). El 8 de septiembre dejó de existir, poco después de comentar a su nuera que "morir es tal como lo describió en Muerte y Transfiguración". Esto habla de la importancia que tuvo en su propia vida, Muerte y Transfiguración.

Este poema sinfónico de Strauss hace parte de los géneros musicales del romanticismo. En este momento histórico, ciertos músicos se liberan de la estricta legislación que suponía la Sinfonía, pues les resultaba insuficiente para expresarse. Entonces surge un nuevo tipo de música, “El Poema Sinfónico”, que se caracteriza por ser un tipo de composición orquestal que se inspira en elementos poéticos ó fabulosos. Comprende un solo movimiento en el que se describen diversas escenas de carácter diferente. Richard Strauss ya a los 21 años era elogiado como el sucesor de Brahms y Wagner. Sus poemas sinfónicos compuestos antes del año mil novecientos (1900) ingresaron en el repertorio internacional y sus primeras óperas lo ubicaron delante de la vanguardia musical, convirtiéndolo en uno de los personajes más controvertidos de la época. La ópera ocupó gran parte de la labor creativa de Strauss, sin embargo, sus primeros éxitos los obtuvo en el campo de la música instrumental, específicamente con sus poemas sinfónicos, como el que nos ocupa en esta oportunidad.

Este poema sinfónico, Muerte y Transfiguración, fue descrito como poseedor de continuidad musical, virtuosidad y una pirotecnia sin precedentes. En realidad para la última década del siglo XIX, Strauss aseguro su posición como el compositor más importante desde Richard Wagner. Su nombre para ese momento, ya era sinónimo de armonía y modernismo, debido a las monumentales fuerzas instrumentales, los efectos que utilizaba y el diseño innovador de sus obras. Richard Strauss, tenia una particular visión de la música, su música, era nueva música ó música del futuro, donde lo poético se convierte en el elemento formativo de una obra. En la obra que nos ocupa, “Muerte y Transfiguración”, Richard Strauss suministró una detallada síntesis sobre lo que ilustra la música, un artista rememora instantes de su juventud mientras se encuentra en su lecho de muerte sufriendo agonía física, después de morir su alma logra transfigurarse, logra una verdadera renovación. Estos episodios son representados con una temática cíclica, algunas disonancias armónicas y una autentica belleza sonora.

Richard Strauss, fue un nombre dolorosamente disonante que conmociono su época. La lucha de este hombre, permaneció más allá del fin de sus días. El poema sinfónico Muerte y Transfiguración atesoro toda su belleza y magnificencia al llevar la marca particular de Richard Strauss. Algo de lo más ignorado, desconocido e inexplicable lo llevó a crear esta joya musical, plasmando así toda su exploración a través de esta sinfonía, cuya excelsitud se refleja en una doble apuesta orquestal. Richard Strauss creció en un ambiente musical al igual que su ídolo Wolfgang Amadeus Mozart. Sin embargo, Strauss claramente no fue el característico niño prodigio, aunque sí desarrolló un carácter y temperamento enérgico, substancial y realista como su madre Josephine Pschorr. Es cierto, desde 1888, cuando se estrenó “Don Juan”, hasta 1911, fecha de la representación de “El caballero de la rosa”, el hombre más discutido de la música europea fue precisamente Richard Strauss”. Este hecho, habla de la genialidad del músico que hoy nos deleita. Los poemas sinfónicos de Strauss fueron considerados como la última palabra del modernismo; fue conocida la idea en la época de Strauss que el deseo de llevar las obras de arte más allá del dominio del arte significa, sencillamente, que se las empuja hacia el dominio de la locura. Por esto era reconocido Richard Strauss, porque justamente este hombre consagró su vida, y se preparó para mostrarnos ese camino. La creación de Richard Strauss era considerada como una música ofensiva, los hombres que fueron contemporáneos con él, consideraban que componía una música dolorosamente disonante. Esta definición, fue lo que marcó y destacó el camino particular y exclusivo de Strauss. Claramente, el músico Strauss, declaraba que prefería despertar reacciones escandalosas con sus obras a recibir una crítica amablemente indiferente. Esta parece ser una de las señales y características indiscutibles, de la genialidad de muchos de los nombres ilustres de la historia. Es por eso que Richard Strauss expresaba constantemente que nunca nadie ha llegado a ser un gran artista sin haber sido tomado por loco por sus contemporáneos. En esto no parecía faltarle razón.

Strauss fue poseedor de un estilo realmente atemporal, las obras de este músico y específicamente Muerte y Transfiguración se sigue resistiendo a su época, traspasando barreras de tiempo y de espacio. Esa es la verdadera particularidad de Richard Strauss. Su dolorosa disonancia concentra el núcleo primordial a partir del cuál se desarrollan sus imponentes y halagadas creaciones musicales. Muerte y Transfiguración, se estreno en Eisenach en 1890, para esta oportunidad, Strauss le solicitó al poeta Alexander von Ritter, que escribiera un poema basado en la temática, del padecimiento terrestre hacia la bienaventuranza. El poema posee cuatro partes, cada una se corresponde con las cuatro secciones en las que se divide la composición musical de Strauss. Vale la pena hacer una breve descripción del contenido de cada parte, porque nos ayuda a dimensionar con palabras el sentir y el pensar del crear de Strauss, cuando de Muerte y Transfiguración se trata. La primera parte del poema sinfónico comienza describiendo lo siguiente, en un pequeño cuarto tenuemente iluminado, un hombre muy enfermo yace en su cama. Cansado tras haber luchado contra la muerte, el hombre yace ahora dormido. En el oscuro cuarto se percibe que la muerte se acerca, sólo el tictac del reloj interrumpe el silencio reinante. Repentinamente, en la cara del enfermo inválido se dibuja una sonrisa melancólica: ¿Acaso está soñando su dorada infancia a medida que se desplaza hacia el borde de la vida?, en la segunda parte, la muerte ha decidido concederle un poco más de tiempo para soñar. Imprevistamente la muerte sacude con violencia a su víctima para relanzar nuevamente la batalla: ¡el intento de vivir, el poder de la muerte! Se desata una contienda vehemente. Ni la vida ni la muerte consiguen la victoria, y nuevamente reina el silencio. En la tercera parte, cansado de tanta lucha, y envuelto en un estado delirante, el enfermo comienza a ver desfilar su vida delante de sus ojos, paso a paso, escena por escena. Primero aparece el anaranjado amanecer de su infancia, radiante e inocente; luego surgen los juegos agresivos de los chicos, intentos de construir su fortaleza y virilidad intenta lograr la meta más alta de su vida con toda su fogosa pasión, transfigurar todo aquello que le parezca noble dándole una forma más exaltada aún esto ha sido siempre su más alta aspiración a lo largo de toda su existencia. Fríamente, desdeñadamente, la vida le pone incesantes obstáculos. En momentos en donde ve acercarse la consecución de la meta, una voz-relámpago le grita: “¡Alto!”. Pero al tiempo una voz dentro de él lo incita al reclamarle, “Haz que cada obstáculo se convierta en un nuevo peldaño en tu subida”. Ante dicho reclamo, intrépidamente avanza con la exaltada búsqueda. Aún encontrándose en su agonía sigue en busca de las aspiraciones aún inalcanzadas, pero todo ha sido en vano. A pesar de acercarse cada vez más a dichas metas, éstas nunca pudieron ser aferradas en su alma. Inesperadamente, el golpe del martillo de hierro que representa la muerte irrumpe, todo lo construido anteriormente se desmorona cubriendo sus ojos con la eterna noche. Y finalmente, la última parte, desde el infinito reino celestial un fuerte estruendo retorna a él, llevándole esta vez aquello que tanto había ansiado y suplicado vanamente en la vida terrenal, Redención, Transfiguración, Liberación.

Esta obra de Strauss es magistral, uno de los principios básicos de este autor, consiste en no exponer nunca los temas de entrada, sino sugerirlos y desarrollarlos para lograr un gran efecto psicológico. Esto hace la obra única y seductora. Es conocida la espontaneidad que poseía Strauss para manejar los efectos psicológicos, manejaba muy bien la dialéctica del deseo y de la demanda, tenia claro Strauss que, nuestro deseo no es nunca en realidad el deseo explícito que podemos formular, nunca deseamos verdaderamente lo que deseamos ó queremos. Por esa razón, no hay nada más horrible y más deseable a la vez, que una cosa que realice inapelablemente nuestro primordial deseo. La obra de Strauss incita un efecto análogo, porque interpreta el deseo y goce del hombre de manera efectiva, la obra de Strauss despierta atracción y angustia al mismo tiempo. La cosa velada, que se convierte en el tema de Muerte y Transfiguración es la clave, este elemento desconocido, ignorado, no se deja ver con el avance de los compases musicales, ahora, tras varios intentos la cosa velada, surge finalmente con toda su intensidad, misterio y fuerza en la mitad de la obra; de esa forma Strauss lleva todos los demás acompañamientos melódicos que rodean la obra hasta conseguir elevar toda la marea orquestal a el punto más culminante de la pieza musical. Ante la imposibilidad de traducir la muerte sobre las notas musicales, surge la angustia que se dice provoca Strauss con su genialidad. Por eso la obra de Strauss se puede leer con el nombre de poder, porque lo que esta detrás, es el significante del falo, de la vida y de la muerte, de la creación, de la fuerza suprema, ante esa potencia, se sienten ambivalencias que replantean nuestra existencia y nuestra ausencia. Desde Strauss, se puede decir que perfectamente, detrás de la muerte, la transfiguración, la vida, la liberación.

Con esta obra, Strauss pretende captar el momento de la muerte sin necesidad de morir. Intenta llevar nuestros sueños, ante nuestros ojos y oídos, ante la imposibilidad de aprehender la muerte mediante la vivencia aparece Strauss con sus giros melódicos, no hay duda, Strauss, con su denominada música dolorosamente disonante, crea y crea. Richard Strauss se caracterizaba por acompañar sus canciones sin seguir muy de cerca la partitura, subsanando esto por otra parte con grandiosas improvisaciones. Esto nos revela que Strauss fue un auténtico y genuino músico, que se veía estimulado constantemente a componer y exteriorizar su genialidad por la necesidad extrema de transformar lo que tenia ante sus ojos, ante sus sentidos, deseaba transformar lo percibido, por su creación. En la música, Strauss alcanzó la más perfecta manera de enlazar su corazón con el exterior, sin necesidad de emplear ninguna otra forma de lenguaje. Nuestro autor, parece pertenecer a otra época, no a la suya, se ubica por fuera de los recursos de su época. Algunos llegaron a afirmar, que Richard Strauss, se convirtió en una verdadera marca solitaria en el desierto, que con su disonancia avanzo penitentemente sobre sus arenas. En los últimos momentos del compositor, mientras yacía en su lecho de muerte en Septiembre 8 de 1949, dijo, “Morir es tal como lo he compuesto en Muerte y Transfiguración”. Entonces quedo escrito en la historia que, este autor fue un real solitario, desafiante, que llevara perpetuamente el signo de lo que no es temporal, que traduce la existencia a través de su genialidad, y que trataba de comunicar, que aún después de la muerte perdura la posibilidad de la transfiguración y detrás de está, esperando eternamente sonriente, la liberación.

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